jueves, 29 de julio de 2010

Los toros

Ya he contado varias veces que soy aficionado a los toros. En los años setenta, con la fiebre “animalista” que nos entró a los jóvenes, dejaron de gustarme las corridas, pero, al final, volví a mis principios.
Pero también he dicho muchas veces que no discuto esa cuestión porque no encuentro razones para defender un espectáculo en el que sufre un animal. Sólo digo que me guía la costumbre de haber nacido en una tierra educada en ese tipo espectáculos; y que si eso mismo se lo hicieran a un perro, me indignaría.
A partir de ahí, lo único que pido es cordura, ecuanimidad y ausencia de hipocresía. Si vamos a fijarnos en lo que sufre un toro en su muerte ¿Por qué no nos fijamos en lo que sufren otros animales a lo largo de toda su vida? Muy sencillo: porque esos otros animales malviven para que nosotros nos aprovechemos de su mala vida. Por eso miramos para otro lado y no queremos enterarnos de cómo vive una oca (la que nos proporciona el foie) o una gallina ponedora, por poner sólo dos ejemplos.
Me da igual si los políticos catalanes prohíben o no las corridas de toros, pero que digan por qué lo hacen; porque si es por protección, que extiendan la protección a otros espectáculos o costumbres festivas en las que también hay sufrimiento.
Aunque en el lado contrario a los políticos,  creo que hay muchos como yo; que no saben explicar por qué hay que defender las corridas y dicen cosas de Perogrullo; como que los políticos no deben prohibir. Y yo digo que según qué cosas: matar está prohibido; y habrá muy poquita gente que no esté de acuerdo con esa prohibición. Cuando hay que prohibir, se prohíbe y punto.

lunes, 26 de julio de 2010

La oración


Lo venía diciendo hace tiempo: el Rey debería ir al Patrón a pedirle (en serio) que arregle España; porque Zapatero no sabe y Rajoy no va a saber.
Menos mal que me ha hecho caso y ha ido. Y le ha dicho (en serio) que si no le da vergüenza que en su país de acogida esté la cosa como está y que si no le entra na por el cuerpo al ver que hay cuatro millones de parados.
Menos mal: ya podemos dormir tranquilos. A partir de ahora veremos cómo no vamos a necesitar ni elecciones ni parlamento ni nada. Todo va a funcionar a las mil maravillas y nos vamos a preguntar que por qué no ha ido antes a rezar y a hacerle (en serio) ese encarguito al Apóstol. Veremos cómo los bancos, los mercados (que nadie sabe qué son) y todos los que tienen el poder, van a caer en la cuenta de que se están pasando un pelín (sin mala voluntad, claro está) y que están a punto de volvernos a situaciones y estados del siglo IXX. Pero no por ellos, sino porque a lo peor han estado mal asesorados. Y veréis como rectifican y empiezan a desfacer todos los entuertos que ficieron.
Desde luego, al Rey, por un despiste sin importancia, se le ha pasado señalarle a Santiago quiénes son los culpables. Pero como todo esto ha sido sin mala intención, tampoco hacía falta. Así que ya sólo falta esperar que se obre el milagro y dentro de poco saldremos todos gritando ¡viva el Rey y viva Santiago! Y si la oración falla (que no fallará) Siempre nos quedará del Bosque.

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Despedida

Espero haber tenido el tacto suficiente como para que esto te haya sabido a poco.

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