sábado, 8 de octubre de 2011

Traducciones

 

Con los idiomas no nos aclaramos del todo. En primer lugar, hemos de aprender a sentirnos orgullosos de pertenecer a un país que tiene cuatro idiomas con todas sus modalidades. Hemos de aprender a respetar la lengua de los demás como la nuestra propia; no creernos que todos deberían hablar como nosotros porque eso es una catetada como es de papanatas creer que lo de fuera es mejor y dedicarnos a estropear nuestra lengua con palabras en inglés o en francés para darnos importancia, porque como terminamos es haciendo el ridículo.

Ahora bien; tampoco conviene pasarse por hacerle la pelota a vascos, catalanes y gallegos. Y la Prensa en general comete errores de bulto sin saber por qué.

Veamos ¿Tiene sentido que se diga “Generalitat” si decimos “la Casa Blanca? ¿Por qué hay unas palabras que se dicen en su idioma (president, lehendakari…) y otras no? En ningún periódico español vendría este texto: El president de la Generalitat, va arribar al palau, va entrar al seu despatx i va ocupar la seva butaca. Lo lógio es que lo que viniera fuera: El presidente de la Generalidad, llegó al palacio, entró en su despacho y ocupó su sillón. Pero no: hay tres sustantivos que no traducen: president, Generalitat y palau; los otros sustantivos y verbos sí se traducen ¿alguien lo entiende? ¿No es ridículo decir “Se aprobó l’estatut”? ¿Por qué una de las tres palabras tiene un privilegio y la otra no?.

Yo creo que el Estado del Bienestar nos ha vuelto carajotes; menos mal que la crisis va a poner a muchos en su sitio.

jueves, 6 de octubre de 2011

La Pepa

Mi amigo Enrique Montiel, articulista ameno, novelista fino y cofrade de la Hermandad de Camarón, decía hoy en el Diario que “La Pepa” no es nada.

Desde que tengo uso de razón he escuchado a los literatos de aquí, cuando les ha interesado porque había que vender literatura, decir a boca llena que hay que ver la guasa, la gracia, la picaresca y el ingenio del pueblo de Cádiz por ponerle a la constitución del 12, La Pepa; por haberse firmado el día de san José; día en que celebraba su onomástica Pepe Botella y firmar eso ese día era como un regalo envenenado. También sirvió para evitar la censura en tiempos de prohibición, gritando “Viva La Pepa” en lugar de “Viva la Constitución”. Y se diga lo que se diga, siempre se ha conocido esa constitución por ese nombre. No ha sido un invento posterior; y si entramos en Google, hay casi las mismas entradas con una denominación como con la otra. ¿Cómo que ahora La Pepa no es nada? ¿Ya el pueblo no puede seguir nombrándola como siempre? ¿Ya no hay guasa, gracia, picaresca ni ingenio en el pueblo? ¿Por qué ahora tenemos que avergonzarnos? ¿Por qué no repudiamos a los intelectuales literatos que nos imbuyeron esa idea en la cabeza?

Amigo Enrique, permíteme que no esté de acuerdo contigo; y si los intelectuales de hoy queréis perseguir a alguien, perseguid a los intelectuales de ayer; al pueblo, no. Y otra cosa; dices en un momento de tu artículo: “…el Cádiz de las tres ‘ces’, Carnaval, capirotes y carcas” Yo, voluntariamente, me incluyo en el del Carnaval; espero que tú te incluyas en el de los carcas.

Despedida

Espero haber tenido el tacto suficiente como para que esto te haya sabido a poco.

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