jueves, 10 de mayo de 2012

La comunión

Al llegar estas fechas y veo los niños vestiditos para el teatro ese de la Comunión, siempre me llega la misma pregunta: ¿Cuándo nos liberaremos de la cadena de la Iglesia? Que conste que mis hijos la hicieron y comprendo a los padres que no son capaces de convencer a los suyos de que eso es otra patraña. Pero lo que asusta es que estemos en manos de una gente que se ha inventado una norma para su beneficio en torno a un dios totalmente ficticio.

¿Cómo alguien puede creer que existe un dios que permite que haya países con sequía continuada con todo lo que conlleva de hambruna y muerte de recién nacidos? ¿Tan difícil es para ese dios repartir las lluvias? Está claro, viendo eso, que el mundo no es obra de ningún dios; y si lo fuera, ese dios no es acreedor de ningún rezo ni adoración; porque lo único que se gana es la desconfianza. De la misma forma, si existiera un dios justo, como dicen, cuando un juez dijera: “Te condeno a la pena de muete, que Dios se apiade de tu alma”, el que moriría rápidamente sería el juez. O si un presidente al invadir otro país dijera “Que Dios nos ayude”, a lo que le ayudaría sería a desaparecer de la Tierra.

Es decir, que si esos males endémicos del mundo no se solucionan, es porque no hay dios que lo haga. Pero ahí están ellos para convencernos; y cómo lo han conseguido que, encima, les pagamos por engañarnos. Y el Papa, para ganarse la confianza de algunos carajotes, pide austeridad en las comuniones y que no se hagan gastos supérfluos. Y eso lo dice el muy sinvergüenza desde el palacio más lujoso y caro del mundo y vestido de forma que hasta los calzoncillos son los más costosos.

Pues sigamos siendo tontos.

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Espero haber tenido el tacto suficiente como para que esto te haya sabido a poco.

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