miércoles, 22 de agosto de 2012

SALIERISMO

 

Siempre intenté no ser envidioso ni envidiado; pero claro, lo de envidioso se puede conseguir con un poco de esfuerzo; pero lo de envidiado… aunque uno se comporte con naturalidad, no haga alardes de ningún tipo, ni demuestre predilección por objetos que sólo sirven para despertar sentimientos oscuros y cosas así, pues es difícil evitarlo; porque como no depende de uno puesto que uno es el objeto pasivo y el que te envidia, encima, lo hace con disimulo…

Pero yo iba a un comentario que ha hecho Fernando Santiago de mí, tratándome de intruso en la profesión de periodista. Lleva el hombre mucho tiempo con eso; bueno, con eso y con todo; porque no conozco un articulista que se repita tanto (quizá Pérez-Reverte, que por eso dejé de leerlo); todos los veranos nos tiene este buen señor, me refiero a Santiago, que poner de chusma a todos los que vamos a la playa; cada verano la misma cantinela cansina de querer hacer gracia a costa de meterse con los que queremos pasar un día como nos dé la gana aunque comamos arena; y todos los años nos tiene que recordar al cruzado don Romualdo para darme una de cal.

Yo lo comprendo; tiene mucha malage haber estudiado una carrera, para que te llegue un niñato, mecánico de Astilleros y sin estudios primarios, y que escriba mejor que tú; en verso y en prosa. Eso revuelve tus centros. Pero si tú eres un intelectual, no deberías portarte como los «chusmas» que criticas.

Que a un insignificante (como yo) le concedieran el mejor sitio y el mejor día del Diario de Cádiz para escribir lo que le diera la gana y durante dieciocho años, es complicado asumir.

También es difícil digerir, que a ese intruso le conceda un premio la Unión de Periodistas (que ya no existe) por su «labor valiente en las retransmisiones del Concurso del Falla»; y que más tarde reciba otro premio de la Asociación de la Prensa (con su voto en contra, claro) como miembro del equipo de Onda Cádiz, también por las retransmisiones.

Son cosas a las que nunca di importancia; pero claro, yo no estoy nada más que en mi pellejo.

Un amigo mío le llama a esto «salierismo»; que viene del coraje que le daba a Salieri que Mozart hiciera la música como el que juega al billar. Hombre, ya sé que yo no soy Mozart; pero él tampoco es Salieri.

Lo que yo he dicho siempre: no se debe uno fiar de quien no sabe compartir una copa con un amigo: la coca-cola sola produce diarreas de todo tipo.

2 comentarios:

  1. No, si yo no me corto, Paco, lo que pasa es que no sé qué decir al respecto. Pero no sé por qué me da a mí en la nariz que estás cargado de razón. (O de razones. No sé bien cómo se dice).

    Salú y palante,

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Despedida

Espero haber tenido el tacto suficiente como para que esto te haya sabido a poco.

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