jueves, 26 de febrero de 2015

¿Mayorías o minorías?



Escuché en la Radio a un director de cine decir que, claro; que su película no era para mayorías y tal y tal.

Este es el dilema de toda la vida: ¿Para quién hay que hacer las cosas? ¿Es más importante satisfacer a mil ‘cultos’ que a un millón de personas de toda índole?

Humildemente creo que el valor de las obras se debería medir por la cantidad de gente a quien satisface. Y voy a poner algunos ejemplos de obras maestras:
La marcha turca de Mozart, tiene más tirón que el Claro de luna de Debussy. El Padrino (Coppola) satisface a más gente que El Gatopardo (Visconti). Las meninas (Velázquez), a más gente que Las señoritas de Avignón de Picasso; y una tortilla española, a más gente que unos canapés de caviar.

Hay gente vulgar y gente ‘exquisita’. Hay mamarrachos que se convierten en fenómenos de masas y obras de arte que no llegan a mucho público; pero no todo lo que guste a muchos es malo ni al revés; y repito: cuanta más gente salga satisfecha, más importante es el producto. Es más, el que se sienta orgulloso con haber logrado algo para una elite intelectual, se sentiría el doble de orgulloso con haber satisfecho al doble de personas; y si consiguiera un best sellers, nunca reconocería que su público es vulgar.

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Espero haber tenido el tacto suficiente como para que esto te haya sabido a poco.

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