miércoles, 4 de marzo de 2015

Amas de casa

Tengo una amiga que un día me dijo: “Po yo soy ama de casa y mantenida; y soy de feliz…”. Y yo pensé que qué buena frase para que se la rotulara en una camiseta y se fuera al mercado a hacer la compra con ella puesta.
Hoy no es políticamente correcto decir eso, porque en seguida salen progresistas y progresistos a recordarnos la lucha por la liberación y patatín patatán. Y no lo entiendo, porque a pesar de que es legítimo, natural y obligatorio que una mujer desee aprender una profesión y vivir de ella para no tenerse que sentir dependiente de otra persona, nunca creí que el progreso se basaría en que para vivir una familia fuera imprescindible unir dos salarios. Por ahí, tenemos que reconocer que el capitalismo nos ha dado coba; pero un “cobaso” gordo. Porque si una chavala (o chaval) deseara, a partir de que se casara, quedarse en casa a ejercer las labores propias del hogar, lo primero que le diría su pareja sería que de eso nada, monada, que en la casa iba a hacer falta el dinero de los dos; porque el de uno es para la hipoteca para toda la vida por una mierda de piso y el del otro para medio comer.  De modo que, no sólo estamos condenados, por culpa de la hipoteca, a soportar en el trabajo todas las vejaciones imaginables y algunas más, sino que, encima,  hemos perdido la libertad de elegir ser ama (o amo) de casa; una profesión, por otro lado, no sólo dignísima, sino altamente gratificante si se ejerce con raciocinio y no con fanatismo; porque, entre otras cosas, si no estamos hablando de un matrimonio en el que alguien ejerce la tiranía sobre el otro, quien se quede en casa no tiene jefe, horario rígido ni otro reglamento que no sea el propio.
Y lo que es peor: el hecho triste de que con un salario no se puede alimentar una familia, lo hemos asumido como natural; y no hay sindicato que se plantee una lucha para reivindicar lo que se ha perdido, porque las mujeres de los sindicatos y los partidos políticos, acusarían de machistas a quienes intentaran plantear una lucha en la que estaría presente el derecho a ser ama de casa. Ese término está proscrito en el lenguaje feminista.

Sin embargo muy poca gente, incluyendo a sindicalistas y políticos, tiene escrúpulos a la hora de contratar, a cambio de limosna y sin seguridad social, a chavalas para limpiar y cuidar niños. Niñeras y criadas de toda la vida, aunque ahora tuteen a la “señorita”. Más triste aún: miles de abuelas que ya cumplieron con creces con sus responsabilidades de esposas y madres y, ahora, cuando la vida les puede regalar unos añitos de tranquilidad merecida, sus hijas las cargan con niños que ellas, gustosas, acogen; pero ya sin la agilidad de otros tiempos. Es curioso: para no ser amas de casa, como lo fueron sus madres, las explotan cuando más necesitan descanso.

3 comentarios:

  1. Como un solo sueldo no llega, ser ama de casa ya no es tarea de uno, sino de dos. Pero si el hombre, por circunstancias, es el único que trabaja, encima se siente obligado a ayudar para no quedar de machista.

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  2. Si y no, tiene usted razón, si, pero con matices. Hoy en día hay matrimonios (de todo hay, no me lo niegue) que prefieren irse de vacaciones a Cancún, tener dos coches e ir a la peluquería todas las semanas, que el que uno se quede en casa. Así que comen el menú en el bar, con lo que se joden los estómagos, porque a la hora de comer, como en casa en ninguna parte, pero no, este es el camino que el Corte Ingles no ha marcado y así vamos.

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Tú no te cortes, di lo que quieras.

Despedida

Espero haber tenido el tacto suficiente como para que esto te haya sabido a poco.

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